Una iglesia poco turística y con encanto en el sur de Milán
San Gottardo al Corso aparece en los relatos de viaje como una joya escondida en el sur de Milán. A escasos metros de la Porta Ticinese, su silueta se reconoce desde la distancia gracias a las torres y a la gran nave central, que resaltan entre las fachadas del barrio. Lejos de los recorridos más masificados, este templo del siglo XVI, levantado en 1568 por orden del arzobispo Carlo Borromeo, conserva un ambiente sereno y casi local, recordando el antiguo papel de la iglesia como lugar de peregrinación para fieles procedentes de distintos puntos de Italia. Un viajero la define como “una de esas joyas escondidas” que uno se encuentra al caminar sin prisas por las calles de la ciudad, ideal para quienes buscan rincones menos conocidos pero con una presencia arquitectónica poderosa.