San Felipe, Yucatán: recuerdos de infancia y sensación de libertad frente al mar
En la única experiencia compartida sobre San Felipe, el pueblo aparece ligado a la memoria y a las emociones más íntimas. La viajera recuerda los 365 kilómetros que separan su casa actual de este puerto como la medida del tiempo que tardaba en volver a un lugar que asocia con la niñez, las vacaciones y la familia. San Felipe se presenta así como un refugio vital, un espacio donde el mar funciona casi como terapia y donde cada visita permite empezar de cero. El pequeño parque del pueblo, al que se acudía antes y después de la playa, evoluciona en el relato desde escenario de juegos infantiles hasta convertirse, ya en la adolescencia, en un improvisado confesionario de confidencias entre hermanos y primos. En palabras de la propia viajera, San Felipe es “sinónimo de libertad, desahogo” y un rincón donde dejar que “el océano se lleve todo lo que te pesara”.