Ambiente señorial y decoración cuidada en Restaurante Villa Marcilla
En Villa Marcilla, la primera impresión llega antes incluso de sentarse a la mesa. El restaurante se ubica dentro de una finca rodeada de jardines y algún árbol centenario, y por fuera su edificio modernista y sobrio apenas deja intuir lo que aguarda en el interior. Una vez dentro, la entrada amplia, decorada con maquetas de veleros antiguos y trofeos de caza, conduce a varios comedores laterales donde el ambiente se vuelve íntimo y elegante. Los viajeros destacan los candelabros de pared, el papel pintado, los bodegones y una gran lámpara de cristal que cuelga del centro de la sala, junto a la luz natural que entra por los ventanales y ayuda a crear una atmósfera muy especial. También se valora la presentación de la mesa, con cristalería y vajilla impecables, y la existencia de otras estancias recargadas y afrancesadas que invitan a curiosear después de la comida. Como resume uno de los comentarios, la sensación es la de comer “como los marqueses”, con un único pero: algunas sillas resultan algo bajas y recuerdan más al mobiliario de jardín que al de un comedor clásico.