Un patio silencioso que aísla del bullicio de Arequipa
El Patio del silencio funciona como umbral íntimo al monasterio de Santa Catalina y como refugio del ruido urbano. Nada más cruzar la entrada y las primeras estancias, los viajeros se encuentran con este primer claustro, que marca un fuerte contraste con las calles del centro histórico. Como explica Kris por el mundo, a partir de este patio se tiene la sensación de estar muy lejos de la ciudad, porque los gruesos muros del convento aíslan por completo del tráfico y del bullicio exterior. La experiencia se vive como un cambio de ritmo inmediato: se pasa de pasear por Arequipa a sumergirse en un espacio recogido, donde el silencio es protagonista y prepara al visitante para el resto del recorrido por uno de los conjuntos monumentales más emblemáticos de la ciudad.