Historia y origen de la iglesia Nuestra Señora de Aránzazu en Victoria
La historia de la iglesia Nuestra Señora de Aránzazu en Victoria está estrechamente ligada al esfuerzo de sus vecinos y a la devoción vasca. Según se cuenta, el primer oratorio fue bendecido en 1810 y levantado como un sencillo rancho de paja gracias a la colaboración de la comunidad y al apoyo del comerciante Salvador Joaquín Ezpeleta, considerado fundador espiritual de la ciudad. Décadas después, y tras muchas gestiones, en 1875 se inauguró el templo actual, construido con el sacrificio de los fieles y el aporte de la provincia. Ezpeleta no solo impulsó la obra, también donó enseres litúrgicos, un cuadro de la patrona del País Vasco y una imagen de vestir traída de España alrededor de 1839, hoy conservada como reliquia en el altar mayor. Esta trayectoria convierte al santuario en un símbolo identitario para Victoria y en un testimonio vivo de la fe de varias generaciones.