Petroglifos de Cholpon-Ata en plena naturaleza junto al lago Issyk-Kul
En Cholpon-Ata, los petroglifos se descubren al aire libre, desperdigados por las colinas que bordean la orilla sur del lago Issyk-Kul. Más que un museo al uso, el llamado Museo de los petroglifos funciona como un gran yacimiento a cielo abierto, donde las rocas grabadas coronan pequeñas ondulaciones del terreno. La experiencia no es simplemente contemplar piedras talladas, sino combinar el paseo por la estepa con la búsqueda de estas huellas antiguas. Como explica Pablo, “buscarlos es una buena excusa para recorrer las colinas y, además, obtener vistas de todo el lago completo”. La recomendación pasa por hablar con los pastores o en algún campamento de yurtas y preguntar por “SaimalooTash”, nombre kirguís para petroglifo, de modo que puedan orientar hacia las mejores zonas. No es un lugar de acceso obvio ni de piezas exhibidas tras vitrinas, sino un recorrido algo exigente visualmente, donde los grabados pueden resultar difíciles de localizar pero compensan por el paisaje y la sensación de estar entre restos históricos en plena naturaleza.