Valoración del monumento y controversia sobre su simbolismo
Quien se detiene ante el Monumento a las Cigarreras encuentra una obra que no deja indiferente, pero no precisamente por su capacidad de emocionar. La escultura, obra de Celso Escamilla, se percibe como un homenaje incompleto que, según se comenta, “parece una broma macabra” al centrarse en la imagen de una aprendiz guiada por una maestra y pasar por alto a las grandes protagonistas de las luchas obreras. El estilo realista, asociado a los años sesenta y setenta, se describe como detallista y con movimiento, aunque carente de alma, “un estilo sin sensaciones, sin corazón”. Desde esta mirada crítica, el conjunto se tacha de simplón y soso, con un mensaje político ambiguo que ni se compromete del todo ni renuncia a la carga histórica que arrastra. Para algunos viajeros, Cádiz merecería un monumento más contundente y fiel a la memoria de las cigarreras y de las tres rosas fusiladas en 1936.