Arquitectura exterior colonial y deterioro de la iglesia de San Pedro Apóstol
La iglesia de San Pedro Apóstol sorprende por el contraste entre su interior fastuoso y un exterior mucho más sobrio y algo castigado por el tiempo. Se describe como un templo colonial del siglo XVII, de gruesas paredes de ladrillos de barro, con una fachada decorada con murales en tonos ocres y una curiosa balconada de madera pintada. El acceso se realza con dos columnas de piedra que enmarcan la entrada y con las tres cruces que custodian el conjunto y representan la Trinidad. A pesar de ciertos signos de abandono y de una evidente falta de mantenimiento, quienes la visitan insisten en que ese deterioro no llega a ocultar su encanto. Al contrario, refuerza la impresión de estar ante “una pequeña joya por estas alturas andinas”, cuya belleza exterior pide a gritos una mejor conservación pero sigue teniendo un carácter muy especial.