El sol de medianoche y la luz en los fiordos noruegos
Entre las experiencias más singulares aparece la luz casi constante en verano, vivida desde la cubierta del barco. Marc cuenta que, pese a que los cruceros no le entusiasman, en esta ocasión le permitieron ver algo que le encantó: el sol que “nunca” se pone. Describe cómo, a medianoche, el exterior mantiene una claridad increíble que, unida al mar calmado del fiordo y a las montañas que lo rodean, crea una atmósfera muy bonita y tranquilizadora. También recuerda la sorpresa de comprobar que a las cinco de la mañana vuelve a ser de día, hasta el punto de aconsejar correr bien las cortinas del camarote. Esta luz especial se convierte así en parte esencial del encanto de los fiordos noruegos.