Historia y legado cultural de la Estación del Norte de Zaragoza
La Estación del Norte de Zaragoza aparece en los relatos de los viajeros como un lugar cargado de memoria ferroviaria y de resonancias culturales. Se recuerda su inauguración en 1861 por el rey consorte Francisco de Asís como la primera gran estación de la ciudad, punto de llegada de los trenes procedentes de Barcelona, en diálogo con la antigua estación de Campo Sepulcro, origen de los convoyes hacia Madrid. Hoy solo se conserva uno de los edificios originales sobre los que descansaba la gran cubierta metálica, pero su presencia sigue evocando aquella época en la que el ferrocarril transformó Zaragoza. Más allá de la arquitectura, muchos destacan su importancia simbólica en la historia de la zarzuela gracias a “Gigantes y cabezudos”. Como cuenta Carlos Millán Gómez, los autores situaron aquí el emocionante “Coro de repatriados”, donde los soldados que regresaban de la Guerra de Cuba se encontraban con la silueta del Pilar al salir de la estación, una escena que ha quedado ligada para siempre a este rincón histórico de la ciudad.