Estado de conservación de la Ermita de San Isidro y su plaza ocupada por terrazas
Quien se acerca a la ermita de San Isidro se encuentra con un edificio que, visto desde fuera, parece mantenerse en buen estado, aunque con claros signos de abandono en la cubierta, donde la maleza y los rosales silvestres van ganando terreno. El interior suele estar cerrado, lo que limita la visita a su fachada y a la pequeña plaza que la precede. Justo en ese espacio, algunos viajeros se sorprenden por la fuerte presencia de la hostelería local: la plaza se ve ocupada por las terrazas de uno de los numerosos restaurantes del entorno, con mesas y sillas que restan intimidad y parte del encanto original del rincón. Esta mezcla de patrimonio religioso y uso hostelero del espacio público deja sensaciones encontradas, entre la curiosidad por la vieja ermita y la impresión de que el lugar podría lucir más cuidado y despejado.