Ashfield, un pueblo escocés pintoresco y lleno de tranquilidad
Ashfield aparece en los relatos de viaje como una pequeña aldea escocesa de estética muy tradicional, primer punto de la ruta Dunblane-Braco y rodeada por una campiña salpicada de ovejas y por un río que marca el ritmo sonoro del lugar. Quien la recorre destaca que no hay pisos ni casas modernas, solo cabañas de piedra, calles sin asfaltar y establos aún en funcionamiento en pleno centro del pueblo, lo que refuerza la sensación de haber retrocedido en el tiempo. La entrada al pueblo, cruzando la campiña y con vistas directas a las casitas de piedra, se describe como especialmente bonita e idílica. Más allá de la estampa de postal, lo que más valoran los viajeros es la calma absoluta y la sensación de espacio abierto, hasta el punto de que se llega a afirmar que allí se encuentra algo que muchos añoran en su vida cotidiana: tranquilidad de verdad.