Historia y tradición de las acemitas tocuyanas Niña Engracia
La historia de las acemitas tocuyanas Niña Engracia está marcada por la superación personal y la fuerza de una tradición que ha pasado de generación en generación. Según relata una viajera, Engracia quedó huérfana y encontró en unos pequeños panes anisados su modo de subsistencia, elaborándolos mientras iba “de hogar en hogar” hasta quedar al cuidado de sus tíos. Hoy son sus sobrinos quienes mantienen vivo el legado y continúan haciendo las acemas que ella hizo famosas, mientras la anciana, ya centenaria, permanece sentada y silenciosa, observando cómo se elaboran y se venden por todo el estado Lara y más allá. Esta preparación, cuyo nombre llegó con los españoles y hunde sus raíces en el árabe y el griego, se considera única por su sabor y consistencia y se ha convertido en un símbolo gastronómico de El Tocuyo, asociado tanto a la memoria familiar como a la identidad local.