Un pequeño parque con encanto en el West Village
Abingdon Square aparece en los relatos de los viajeros como uno de esos rincones que se descubren al caminar sin rumbo por Nueva York. En pleno West Village, esta pequeña plaza ajardinada ofrece un respiro entre calles y edificios, con caminos de piedra, varias especies vegetales y bancos donde detenerse. Quien la visita destaca su atmósfera serena y cierta dosis de encanto cotidiano, muy alejada del bullicio de otras zonas de Manhattan. También llama la atención la estatua del soldado Doughboy, erigida en honor a los caídos en la Primera Guerra Mundial, que añade un punto de memoria histórica al paseo. Como comenta Sonia, pasear sin rumbo “te hace descubrir cosas y sitios curiosos y con cierto encanto, como esta plaza ajardinada llamada Abingdon Square”. Para muchos, es simplemente un lugar ideal para sentarse un rato y recuperar fuerzas antes de seguir explorando la ciudad a pie.